[VIDEO] ¡DESGARRA EL ALMA! A pesar de la crisis, gracias a Siomara este pequeño con VIH no siguió en el abandono

@DolarToday / Jul 20, 2019 @ 5:00 pm

[VIDEO] ¡DESGARRA EL ALMA! A pesar de la crisis, gracias a Siomara este pequeño con VIH no siguió en el abandono

Carlitos tuvo que empezar a vivir con una enfermedad que le robó la infancia. No tuvo opción. Hoy en día, su familia de acogida lucha diariamente para sopesar los estragos de la crisis y del virus que le transmitió su madre biológica

Por: Yazmely Labrador y Veda Everduim | @Yazmely2 y @Vedaeverduim / ElDiariodeCCS

Es mediodía, en una barriada del municipio Guacara, estado Carabobo, entre viviendas de zinc y en medio de una temperatura altísima, se encuentra Siomara Dávila, una mujer de 60 años de edad que carga en sus brazos a un pequeño llamado Carlitos.

El niño, de tez morena y ojos negros, es víctima de varios padecimientos: tiene un brazo con disfunción motora. No camina ni habla. Su peor diagnóstico es el VIH que le transmitió su madre biológica, un virus que le cambió la vida desde antes de nacer.

Carlitos contrajo la enfermedad en el periodo de gestación. Su madre fue una de las tantas mujeres en Venezuela que no se practicó los análisis de VIH y sífilis durante el embarazo. Un informe de Onusida detalla que solo un cuarto de la población gestante cumple con los exámenes reglamentarios.

En 2017, el niño de tan solo tres años de edad fue encontrado en el patio de una casa abandonada, ubicada en una zona de la entidad llamada Ojo de Agua. Estaba lleno de heces, llagas y sin ropa. Su madre biológica lo entregó, en principio, a la hija de Siomara, quien tiempo después decidió emigrar como muchos otros venezolanos. Estaba agobiada por la crisis que ha dejado un saldo migratorio mayor a las 4.000.000 de personas, de acuerdo con la ONU.

“Desde el primer día que llegó a la casa, ‘nosotros lo parimos’ porque es muy grande lo que sentimos por él. A su mamá también la recibimos sin ninguna malicia, con el amor de Dios. Mi hija tiene 6 hijos y con él ya eran 7”, comenta Dávila para El Diario de Caracas, mientras carga en sus piernas al pequeño que decidió adoptar.

La madre biológica de Carlitos se fue a sacar la cédula, pero nunca volvió. Tiempo después murió debido a la enfermedad que padecía. Luego de eso, Siomara decidió realizarle los exámenes al niño. El resultado la paralizó.

“Cuando le hice los exámenes, mi sorpresa fue que era positivo. Yo decía: ¡Dios mío! Ahora tengo que entregar al bebé. Para mí, la palabra Sida antes era terrible. Solo lloraba y lloraba, fue una depresión muy grande. Pensaba que tenía que entregar al niño a una fundación donde no lo iban a atender como yo”, expresa la mujer, quien recuerda el episodio con mucho dolor.

El diagnóstico del pequeño sembró angustia, no solo por su edad y la gravedad de la enfermedad, sino por la falta de insumos y tratamientos para pacientes con VIH, otro drama en la Venezuela gobernada por Nicolás Maduro: un país donde las oportunidades de sobrevivir son escasas.

Más de 120 ONG venezolanas indican que al menos 2.300 niños menores de 12 años en el país padecen el virus, la Onusida detalla que hay al menos 19.000 huérfanos por VIH que son menores de 17 años y anualmente se registran cerca de 11.000 nuevas infecciones.

De acuerdo con la la Red Venezolana de Gente Positiva, cerca de 62.000 ciudadanos que tienen Virus de la Inmunodeficiencia Humana no reciben los medicamentos antirretrovíricos regularmente. Una cifra alarmante que ha generado un repunte en la tasa de personas con VIH hospitalizadas. Cada día mueren aproximadamente entre 20 y 30 personas por causas relacionadas con esta enfermedad.

En Carabobo, según la Fundación Manos Amigas por la Vida (Mavid), están registrados al menos 8.500 pacientes con VIH. En la entidad han muerto 72 personas en lo que va de 2019.

Siomara lo sabe, es consciente del drama de la escasez de medicinas, por eso se mantiene aferrada a la fe que le tiene a Dios y lucha diariamente contra la enfermedad de su hijo y contra la crisis económica que también se refleja en su nevera.

Su pensión, la ayuda de algunos vecinos y las muñecas de trapo que vende son el sustento que tiene para costear las medicinas y la comida del niño, aunque no siempre alcanza. El día que el equipo entrevistó a Siomara, Carlitos llevaba tres días comiendo arroz licuado con azúcar porque no tenía leche para tomar.

El caso del niño es el reflejo de lo que varias ONG venezolanas vienen denunciando desde julio del año 2018, cuando alertaron que la escasez de retrovirales en Venezuela se acerca aproximadamente a 90% y en ocasiones hasta 100% y por lo que peligra la vida de más de 77.000 personas.

Venezuela no cuenta con las cifras oficiales de las personas que han fallecido a causa del SIDA en el país, el ministerio del Poder Popular para Salud no ha emitido boletines desde hace varios años. Sin embargo, según la fundación StopVIH, en el país nacen al menos 600 niños infectados anualmente y mueren alrededor de 2.161 pacientes, en el mismo período.

A pesar del duro panorama, Siomara mantiene su sonrisa y su temple para sacar adelante al pequeño, sueña con verlo correr y aspira que vaya a la universidad.

“Dios me sembró eso, decidí quedarme con él y eso fue un amor, el amor que ese niño nunca tuvo de su mamá pues se lo doy yo. Es muy difícil, pero estas son lágrimas de gozo, no quiero que sean de tristeza”, confiesa con la mirada fija en el pequeño, el hijo que la vida le regaló.

 

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